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jueves, 4 de julio de 2013
Manifiesto de ALEAS-IU con motivo del Orgullo LGTBI 2013
Frente a la crisis del Régimen: orgullos@s y combativ@s!
Más de cuatro décadas después de los disturbios que tuvieron lugar en el barrio neoyorquino de Stonewall volvemos a salir a las calles. Somos otras activistas y, al mismo tiempo, somos las mismas; caras y espacios diferentes, idénticas exigencias de igualdad. El 28 de Junio reivindicamos con orgullo un momento histórico de logros y conquistas, pero también apostamos por la continuidad de un movimiento social que nos permita seguir avanzando en la consecución de la igualdad real y efectiva.
Orgullo no es solo una efemérides en el calendario, orgullo es la reivindicación de la posibilidad de ser nosotras mismas, sin represiones ni ataduras. Porque somos un todo y no una parte, y nos componemos y rodeamos de múltiples realidades. Decimos que orgullo también es clase obrera, orgullo es laicismo, educación pública, feminismo, antirracismo, servicios sociales, orgullo es república. Y, por supuesto, orgullo es rebeldía. Nuestra lucha es una y es la de todas, la lucha de quienes nos sabemos vencedoras, aunque el camino por recorrer sea aún largo.
En estos momentos de crisis terminal del capitalismo asistimos a la imposición de brutales recortes de derechos (también en materia de igualdad) por parte de los gobiernos del PP y otros partidos conservadores y la Troika, pretendidamente justificados por la actual crisis sistémica. Las de abajo, las mayorías sociales, no nos resignamos, nos negamos a tolerar el austericidio neoliberal y denunciamos esta crisis como una verdadera estafa a la ciudadanía.
Por eso este año, más que nunca, el Orgullo está teñido de rebeldía ante quienes están amputando nuestros derechos, frente a quienes nos están robando lo que tantos años ha costado conseguir. Orgullosas y combativas frente a una Iglesia Católica incapaz de desprenderse de su discurso machista y LGTBIfóbico, que continúa atacando sistemáticamente el derecho de las mujeres a decidir sobre el propio cuerpo y entrometiéndose de manera autoritaria en el derecho que supone vivir la orientación sexual y la identidad de género en libertad e igualdad; rebeldes frente a una monarquía opaca y trasnochada que poco o nada puede hacer frente a las demandas de una sociedad verdaderamente democrática e igualitaria; insumisas frente al austericidio que destapa el velo de hipocresía en el que se sustentaba el pacto social, dejando al descubierto, una vez más, que la actual crisis no es más que una gran estafa económica que basa el beneficio desaforado de una minoría en la precariedad y pobreza de las mayorías sociales; indignadas al comprobar cómo la derecha desmantela impunemente el ya de por sí exiguo Estado de bienestar, obstaculizando el libre acceso a la educación y a la sanidad públicas y gratuitas. En definitiva, reivindicamos una rebeldía que se aúne de manera incuestionable a la fuerza del movimiento feminista en la lucha contra el heteropatriarcado y su violencia.
Vuestra LGTBIfobia y vuestro machismo, vuestros intereses de clase y vuestros esfuerzos por salvaguardar el Régimen, la moral y las buenas costumbres se toparán con nuestra rabia. No podréis callar nuestra voz, ocultar nuestros deseos, identidades y cuerpos ni silenciar nuestro compromiso. Si la LGTBIfobia es Régimen, nuestro Orgullo será rebeldía.
Desde las calles, con el movimiento LGTBI, organizamos la resistencia. Construimos la alternativa. Frente a la crisis del Régimen: orgullos@s y combativ@s!
martes, 4 de junio de 2013
Por una marea arcoíris en la que confluyan todas las luchas: ¡Orgullo es rebeldía!
El Orgullo LGTBI es una movilización de encuentro y confluencia de nuestra propia lucha, como movimiento LGTBI, con otras luchas emancipatorias, de otros movimientos sociales y populares y organizaciones políticas cómplices, comprometidas firmemente con la causa de la libertad, la igualdad y la diversidad. Defendemos un Orgullo que priorice la necesaria alianza y la sinergia con otras luchas, especialmente con movimientos tan unidos históricamente a la causa de la liberación sexual y de género como el feminista, el sindical, el vecinal, el migrante y el laicista. Orgullo es hoy, más que nunca, clase obrera, servicios sociales, laicismo, educación y sanidad públicas, república, feminismo... Frente a la crisis del Régimen, ¡Orgullo es rebeldía!
sábado, 13 de abril de 2013
Manifiesto de Izquierda Unida por la Tercera República
Todos los años, el 14 de Abril es un día de fiesta para quienes compartimos los ideales de libertad, justicia social, cultura y modernidad asociados en la memoria a la revolución que fue la Segunda República española. A lo largo y ancho del país se celebran estos días miles de encuentros, seminarios, comidas populares y actos públicos, organizados por Izquierda Unida, en los que se debate también del proyecto de país y de República que queremos para nuestro pueblo.
En un momento de desprestigio de los grandes partidos y las instituciones políticas se pueden avanzar salidas tecnócratas, pero también las de los que defendemos la refundación de la democracia y la política en favor de la mayoría social. Ante la defensa cerrada de unas instituciones que no permiten el ejercicio pleno de la democracia, nos ponemos del lado de las exigencias de la sociedad en busca, precisamente, de más democracia.
El medio del abismo entre el discurso de las élites políticas y la realidad de millones de personas, la troika excluye de derechos sociales y de ciudadanía a cada vez más sectores. En esta fase del desarrollo neoliberal, los poderosos no necesitan de la democracia. Pero no es menos democracia lo que se precisa, sino más. Es la afirmación de una radicalidad democrática: sólo es legítimo el régimen que es república, cosa pública, en cuyo cuidado y gobierno todas y todos están comprometidos ejerciendo la responsabilidad de su condición de ciudadanía.
La crisis del modelo de Estado surgido de la transición, la pérdida de representatividad de las referencias políticas, las esclerosis de las instituciones del Estado ligadas al clientelismo bipartidista, su profunda corrupción, la oligarquización política como consecuencia de la Ley Electoral, la quiebra del referente europeo como espacio de igualdad y libertades o la crisis de valores son manifestaciones de una crisis profunda de la política. Porque lo que hace aguas hoy son aspectos sustanciales del “pacto de la transición”: el ‘Estado social de derecho’ sufre recortes; las libertades políticas se restringen; la Ley Electoral es injusta; la España de los pueblos es hoy un modelo de Estado que no da salida a las aspiraciones de los mismos; la aconfesionalidad es letra muerta; el blindaje de la institución monárquica se resquebraja dejando en evidencia su inutilidad.
La crisis económica y sus consecuencias en España han mostrado la insuficiencia del modelo de participación política. También ha puesto de manifiesto la debilidad de nuestros derechos conquistados, burlados por quienes no sólo nos han sumido en la miseria y la postración en que nos encontramos, sino que alardean de los beneficios que están obteniendo con el reparto de las privatizaciones y el desmantelamiento del Estado.
Si el ‘caso Bárcenas’ ha puesto en evidencia el entramado corrupto en que se sustenta el Partido Popular y su alianza con las oligarquías, el ‘caso Urdangarín’ ha conseguido la ruptura del tabú de la monarquía. La sociedad española ha conocido también las aficiones y vida privada del titular de la Jefatura del Estado, donde se confunden negocios privados y presuntos intereses nacionales. La monarquía no es hoy un factor de estabilidad, antes al contrario, se ha convertido en un serio problema para España y su credibilidad internacional, al aparecer como una institución salpicada por la corrupción y los escándalos.
Asistimos a un intento de ‘Restauración’ porque a las fuerzas políticas que sustentan las políticas neoliberales la actual Constitución les quedaba grande. A nosotros y nosotras, pequeña.
Para IU, se trata de ampliar aún más la democracia para conseguir que todos los cargos electos, incluido el jefe del Estado, sean elegidos por el pueblo, para que los derechos de las personas no sean potenciales sino imperativos, para concluir la actual descentralización en un Estado Federal, para que en las cuentas generales las prioridades sean la creación de empleo, la protección social y los servicios públicos.
Para conseguir todo ello, hablamos de la necesidad de un nuevo ‘proceso constituyente’ que dé paso a un nuevo proyecto de país. Hablamos de la construcción de un nuevo sistema constitucional, de una nueva legitimidad que el soberano -el pueblo- otorga a las nuevas instituciones del nuevo Estado, necesaria y evidentemente una República: democratizando la economía y la vida pública, con un sistema electoral justo, con medidas de regeneración de la vida democrática y contra la corrupción, fomentando la participación directa de los ciudadanos en un Estado federal, laico y solidario.
Entendemos que la Segunda República es el hilo conductor de nuestra identidad colectiva y en el que nos reflejamos para la construcción de un nuevo proyecto de país.
A ese proceso al que aspiramos lo llamamos TERCERA REPÚBLICA.
martes, 2 de abril de 2013
ALEAS-IU enmarca el 14 de abril en su proyecto por la defensa de las libertades afectivo-sexuales: ¡Orgullo es República!
Con motivo del 82º aniversario de la proclamación de la II República, el Área de Libertad de Expresión Afectivo-Sexual de Izquierda Unida muestra su rechazo a la institución monárquica por antidemocrática, machista, homófoba y patriarcal.
Un año más, ALEAS-IU reivindica la construcción de la Tercera República como una oportunidad para la conquista de derechos y libertades por parte de las mayorías sociales en general, y las personas LGTBI en particular. Tal y como se viene haciendo desde los distintos ámbitos de Izquierda Unida, desde ALEAS-IU expresamos nuestro más sincero apoyo a los actos de conmemoración de la proclamación de la II República. Este período político, si bien desgraciadamente breve, supuso enormes avances en igualdad social, así como la consecución de derechos y libertades hasta entonces desconocidos: el reconocimiento de los derechos de las mujeres, la mejora en las condiciones laborales de las clases trabajadoras o la aceptación de las diferentes realidades nacionales dentro del Estado Español son sólo algunos ejemplos de ello.
Por desgracia, la totalidad de los progresos democráticos y sociales de la República fueron eliminados por el bando golpista, que tras cuatro décadas de dictadura designó como heredero del régimen a Juan Carlos I de Borbón. Esta elección, y la imposición de la monarquía que ello conllevaba, supuso, una vez más, el menosprecio a la voluntad popular expresada democrática y rotundamente en las elecciones del 12 de abril de 1931 a favor de la instauración de la República como forma legítima de gobierno. En la actualidad, la ciudadanía del Estado Español sigue sin tener la oportunidad de votar en referéndum el sistema de gobierno que prefiere, -monarquía o república- a pesar de ser la elección de cargos públicos, también la de la Jefatura del Estado, uno de los principales pilares de la democracia.
Como consecuencia de ello, desde ALEAS-IU rechazamos toda forma política que dé cabida en su seno a una representación institucional mediante la cooptación hereditaria por ser ésta profundamente antidemocrática, como es el caso de la actual monarquía española. Con la monarquía se hurtan a la ciudadanía sus derechos legítimos a elegir y ser elegida en elecciones libres e iguales. Así mismo, nos negamos a defender un sistema político heredero del anterior régimen franquista que, en la figura de la Jefatura del Estado, se mantiene ajena a las responsabilidades propias de cualquier Estado democrático, sin poder estar sujeto a control alguno por parte de las instituciones públicas y de la ciudadanía en general.
De igual manera, desde ALEAS-IU rechazamos el sistema monárquico por machista, al premiar el hecho de haber nacido varón privilegiándolo frente a cualquier mujer a la hora de ocupar la Jefatura del Estado y legitimando así la situación de subordinación y discriminación de las mujeres; así como por heteropatriarcal, al reproducir diligentemente la ideología heterosexual en su seno, presentando la familia exclusivamente formada por un hombre y una mujer como la socialmente deseable. Parece evidente que una institución sustentada en valores retrógrados y anclados en el pasado como es la monarquía, no puede ser más que impotente a la hora de dar respuesta a las actuales demandas ciudadanas en lo relativo a las libertades afectivo-sexuales, dado que éstas responden a las características personales y sociales de una sociedad madura, democrática y progresista.
Por todo ello desde el Área de Libertad de Expresión Afectivo-Sexual (ALEAS) de Izquierda Unida defendemos la construcción de un amplio proyecto político-social republicano sustentado en los movimientos sociales y populares de todo el territorio del Estado Español, con el fin de profundizar en la democratización de la vida política así como en la participación ciudadana de los asuntos públicos. Desde éste Área vemos ineludible la necesidad de hacer converger las diferentes demandas republicanas y LGTBI en torno a un nuevo proceso constituyente, basado en la democracia participativa, que favorezca de manera efectiva la materialización de los derechos políticos, sociales, económicos y culturales de la ciudadanía, así como la posibilidad de desarrollar las libertades referidas a la libre elección sexual y afectiva, sin que ningún modelo legitimador coarte estas voluntades. De dicho proceso participativo y horizontal dependerá, llegado el momento, que consigamos una República democrática, igualitaria y social, construida colectivamente desde abajo. De lo contrario, como ocurre en otros países de nuestro entorno, nos encontraremos con una República capitalista y patriarcal, desprovista de cualquier contenido político transformador, con la que no podremos conformarnos.
miércoles, 11 de abril de 2012
IU por la III República

Frente a los mercados, más derechos, más democracia: Tercera República
Este 14 de abril se conmemoran 81 años de la proclamación de la II República española, la experiencia más genuinamente democrática de nuestra historia.
En el espacio de apenas cinco años y pese a la sistemática resistencia del poder económico, militar y eclesiástico, la "república de trabajadores de toda clase" inició la reforma agraria, instauró el estado laico, generalizó la jornada laboral de 8 horas, reguló el derecho de huelga, potenció los convenios colectivos, impulsó la educación, la ciencia, el arte y la cultura, reconoció el derecho de voto a la mujer, legalizó el divorcio y aplicó una política exterior de defensa de la paz y la democracia.
Por su orientación y realizaciones, la II República significó para amplios sectores sociales más derechos y más democracia.
Sin embargo, ese proyecto de país apenas esbozado fue truncado por el golpe militar-fascista de 1936. Los cuarenta años de dictadura que le siguieron desmantelaron esa obra y blindaron en el poder a una coalición de militares, banqueros y miembros de la jerarquía eclesiástica.
Tras muchos años de dura lucha por la democracia y la libertad, la Transición reforma el viejo edificio donde se cobijaba esa coalición de poder. La amplia mayoría de la sociedad consiguió de nuevo, aunque con muchas limitaciones, derechos, libertades y democracia.
Más de treinta años después, la crisis económica es utilizada para acabar con conquistas duramente conseguidas haciendo a su vez que el marco político entre también en crisis.
El poder del mercado determina al poder político, desmantela los avances políticos y sociales y limita la democracia. El sistema político, con la ley electoral como punta de lanza, constriñe y falsea la participación y la voluntad popular. La reciente reforma constitucional consagra el sometimiento del bienestar social a los intereses de los especuladores y los banqueros.
Sin embargo, la contestación crece. La memoria, pese a quien pese, no se ha perdido. Sabemos que sólo a través de la lucha y la movilización podemos conseguir los derechos que nos están quitando. Sabemos que sólo juntándonos podremos darle la vuelta a esta situación. Porque somos más.
Frente a un modelo de país basado en la especulación y el ladrillo, sometido al poder económico, donde los principales partidos monárquicos compiten a la hora de satisfacer las necesidades de uno u otro sector económico, es necesario poner en pie un nuevo proyecto de país.
Un nuevo proyecto de país que ponga en el centro de su política y su economía la participación activa y el bienestar social de la mayoría, la democracia participativa y los derechos sociales.
Para esto, apostamos por abrir un proceso constituyente.
La apuesta por un proceso constituyente es una llamada a luchar por nuestro futuro, a recuperar la soberanía popular y dar poder a la mayoría social trabajadora como realización de la democracia.
Un proceso constituyente entendido como articulación de una amplia mayoría social movilizada en la lucha democrática por sus derechos.
Apelamos al poder constituyente, al conjunto del pueblo, el único que es capaz de definir y decidir el proyecto de país que queremos.
Un país con más derechos y más democracia, que hoy sólo puede significar una cosa: la Tercera República.
Este 14 de abril se conmemoran 81 años de la proclamación de la II República española, la experiencia más genuinamente democrática de nuestra historia.
En el espacio de apenas cinco años y pese a la sistemática resistencia del poder económico, militar y eclesiástico, la "república de trabajadores de toda clase" inició la reforma agraria, instauró el estado laico, generalizó la jornada laboral de 8 horas, reguló el derecho de huelga, potenció los convenios colectivos, impulsó la educación, la ciencia, el arte y la cultura, reconoció el derecho de voto a la mujer, legalizó el divorcio y aplicó una política exterior de defensa de la paz y la democracia.
Por su orientación y realizaciones, la II República significó para amplios sectores sociales más derechos y más democracia.
Sin embargo, ese proyecto de país apenas esbozado fue truncado por el golpe militar-fascista de 1936. Los cuarenta años de dictadura que le siguieron desmantelaron esa obra y blindaron en el poder a una coalición de militares, banqueros y miembros de la jerarquía eclesiástica.
Tras muchos años de dura lucha por la democracia y la libertad, la Transición reforma el viejo edificio donde se cobijaba esa coalición de poder. La amplia mayoría de la sociedad consiguió de nuevo, aunque con muchas limitaciones, derechos, libertades y democracia.
Más de treinta años después, la crisis económica es utilizada para acabar con conquistas duramente conseguidas haciendo a su vez que el marco político entre también en crisis.
El poder del mercado determina al poder político, desmantela los avances políticos y sociales y limita la democracia. El sistema político, con la ley electoral como punta de lanza, constriñe y falsea la participación y la voluntad popular. La reciente reforma constitucional consagra el sometimiento del bienestar social a los intereses de los especuladores y los banqueros.
Sin embargo, la contestación crece. La memoria, pese a quien pese, no se ha perdido. Sabemos que sólo a través de la lucha y la movilización podemos conseguir los derechos que nos están quitando. Sabemos que sólo juntándonos podremos darle la vuelta a esta situación. Porque somos más.
Frente a un modelo de país basado en la especulación y el ladrillo, sometido al poder económico, donde los principales partidos monárquicos compiten a la hora de satisfacer las necesidades de uno u otro sector económico, es necesario poner en pie un nuevo proyecto de país.
Un nuevo proyecto de país que ponga en el centro de su política y su economía la participación activa y el bienestar social de la mayoría, la democracia participativa y los derechos sociales.
Para esto, apostamos por abrir un proceso constituyente.
La apuesta por un proceso constituyente es una llamada a luchar por nuestro futuro, a recuperar la soberanía popular y dar poder a la mayoría social trabajadora como realización de la democracia.
Un proceso constituyente entendido como articulación de una amplia mayoría social movilizada en la lucha democrática por sus derechos.
Apelamos al poder constituyente, al conjunto del pueblo, el único que es capaz de definir y decidir el proyecto de país que queremos.
Un país con más derechos y más democracia, que hoy sólo puede significar una cosa: la Tercera República.
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