martes, 13 de mayo de 2014

"Sin una revolución social contra el modelo económico de UE, no habrán derechos LGTBI"



Según una reciente encuesta de la Agencia Europea de Derechos Fundamentales (FRA) sobre la discriminación LGBTfóbica (una amplísima encuesta a 90.000 personas LGBT), este tipo de discriminación está aún muy extendida en casi todos los países de la UE. Casi la mitad (47 %) de los consultados señaló que se habían sentido personalmente discriminados o acosados por motivo de su orientación sexual en el año anterior a la encuesta. Más del 80 % de los consultados de todos los Estados miembros de la UE recuerdan comentarios negativos o actos de intimidación dirigidos contra jóvenes LGBT en el ámbito escolar. Dos tercios (67 %) de los consultados declararon que «a menudo», o «siempre» escondieron u ocultaron su condición de LGBT en su etapa escolar hasta los 18 años de edad. Estos datos demuestran la necesidad que existe en la UE de impulsar de forma mucho más decidida que hasta ahora políticas y medidas concretas para prevenir y combatir la LGBTfobia en Europa.

Pero en mi opinión esas luchas no deben ser aisladas, o limitarse a “nuestro” colectivo. Por ejemplo, en la actualidad la comunidad gitana europea vive una alarmante oleada de actos y situaciones de acoso y discriminación. Los grupos y partidos de ultraderecha tienen cada vez más apoyo, y estos grupos dirigen su odio tanto hacia las personas LGBT como hacia los gitanos y gitanas (partidos como Jobbik en Hungría, Attak en Bulgaria, Nuestra Eslovaquia, el Frente Nacional en Francia, Amanecer Dorado en Grecia, por poner solo unos ejemplos de partidos que ahora mismo tiene un apoyo de entre el 10 y el 25% de la población). Y además no olvidemos que hay personas lgbt gitanas. Nuestra lucha debe ser común, transversal e interseccional: debemos denunciar ante las instituciones europeas la discriminación antigitana, racista, homófoba, machista, contra las personas con discapacidad, y contra otras minorías. En este sentido, un reto para el nuevo Parlamento que surja de las elecciones del 25 de mayo será aprobar la propuesta de Directiva por la que se aplica el principio de igualdad de trato entre las personas independientemente de su religión o convicciones, discapacidad, edad u orientación sexual. Esta propuesta está ya redactada desde 2008, pero la presión de grupos religiosos y conservadores la ha bloqueado desde entonces.

Pero también se han dado pasos positivos: tenemos que celebrar la aprobación reciente en el Parlamento Europeo del Informe Lunaceck, la hoja de ruta contra la homofobia y la discriminación por motivos de orientación sexual e identidad de género (se aprobó por una amplia mayoría; algunos europarlamentarios de partidos de extrema derecha, y 4 del PP, entre ellos Mayor Oreja y Vidal Quadras, votaron en contra). Este informe contiene una serie de medidas muy concretas y útiles contra la discriminación lgbtfóbica; la mayoría de ellas están en el programa de IU para estas elecciones europeas, y considero que debemos concentrarnos en la aplicación real de estas medidas en todos los Estados miembros, especialmente ahora, cuando algunos países como Lituania, Hungría, Croacia o Polonia se plantean limitar los derechos de las personas lgbt e incluso la posibilidad de manifestarse o de hablar en publico de estos derechos (las llamadas leyes contra la “propaganda” homosexual, similares a las de Rusia). Estas leyes vulneran claramente los principios de igualdad y no discriminación del Tratado de la Unión (artículo 19) y de la Carta Europea de Derechos Fundamentales (artículo 21). En esta sentido debemos saludar la campaña de la ILGA “Come out for LGBTI equality”, que insta a lxs candidatxs a estas elecciones 2014 a comprometerse en favor de los derechos lgbti.  


En los últimos 20 años he tenido la suerte de poder trabajar en diferentes instituciones europeas, como el Fondo Social Europeo, el Consejo de Europa, o la Agencia Europea de Derechos Fundamentales. Es evidente que ha habido importantes progresos, sobre todo a nivel legislativo. Ahora falta que esos instrumentos legales sean una realidad, y que las instituciones europeas pierdan el miedo a los grupos de presión conservadores y cumplan con su deber. La crisis económica y las medidas de austeridad impuestas por la Troika están limitando seriamente las políticas de igualdad y de lucha contra la discriminación. La UE lanza un mensaje contradictorio: pide a los Estados que recorte en gastos sociales y solidarios, y a la vez mantiene un discurso formal a favor de la igualdad y la no discriminación que no se ve respaldado por sus propias políticas económicas. Tenemos que denunciar este doble discurso y poner de manifiesto que el capitalismo es un modelo agotado no sólo en lo económico, sino también en lo social, en la medida en que su dinámica es indiferente a los derechos de las minorías sexuales o étnicas, cuando no va directamente en contra de dichos derechos.


Javier Saéz, candidato al Parlamento Europeo por Izquierda Unida. 
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